
La mujer, identificada como María de los Ángeles, permaneció toda la noche frente al cadáver de la pequeña Daiana, sin reaccionar ante lo ocurrido.
El crimen se conoció cerca de las 8 de la mañana, cuando Néstor Roger Russo (70), abuelo de la menor, fue a levantarla para llevarla a la escuela. Al entrar a la habitación, encontró a la niña muerta sobre la cama y a su hija, la madre de la víctima, sentada en un sillón observando el cuerpo.
Russo, exdirector de la Escuela Técnica de La Banda y funcionario de Recursos Hídricos, no podía creer la escena. Le gritó a su hija para que explicara lo sucedido y ella, con frialdad, le respondió que le había dado “cuatro pastillas para que se durmiera”. Inmediatamente, el hombre pidió ayuda a su esposa, Estella Tula Peralta, docente jubilada de la UNSE, quien llamó al servicio de emergencias al constatar que la niña no reaccionaba.
“Le di clonazepam para que se muera”
Cuando los paramédicos llegaron al domicilio, la madre de la víctima los increpó y lanzó una frase que heló a todos los presentes: “Le di clonazepam para que se muera”. Los profesionales revisaron a la menor y confirmaron que no presentaba signos vitales, por lo que dieron aviso a la Comisaría 13.
Poco después, la vivienda —ubicada en el barrio Palermo, sobre calle Irigoyen— se llenó de efectivos policiales y vecinos. Tres fiscales se hicieron presentes: la Dra. Natalia Saavedra, coordinadora de la Unidad Fiscal Banda; el Dr. Mariano Gómez, fiscal de la Unidad de Violencia de Género e Intrafamiliar; y el Dr. Álvaro Yagüe, de Delitos Comunes.
Mientras se desarrollaban las diligencias judiciales, María de los Ángeles continuaba inmóvil, abstraída, sin apartar la mirada del cuerpo de su hija. Solo rompía el silencio para inculparse. “¿Y?, es mi hija”, repetía una y otra vez, como si buscara justificar su accionar. Luego, en otro momento, señaló: “Le tapé la boca así”, y acompañó sus palabras con un gesto sobre la nariz, describiendo cómo la asfixió.
Por orden de la fiscal Saavedra, la mujer fue trasladada a la Alcaidía de Mujeres para ser evaluada por un psiquiatra forense. Los investigadores buscan determinar si comprendía la criminalidad de sus actos, ya que habría sido diagnosticada con esquizofrenia y había abandonado el tratamiento dos años atrás.
Fuentes judiciales y policiales confirmaron que la pequeña fue vista con vida por última vez la noche anterior, cuando sus abuelos la acompañaron a dormir. María de los Ángeles había dejado su habitación para instalarse en la de su hija, donde pasó las últimas horas junto a ella. Los abuelos, en medio del horror, protagonizaron escenas de desesperación. “¿Ves vos? No querías que la internemos y ¡mirá lo que le hizo a mi hijita!”, gritaba Néstor Russo a su esposa, entre llantos. Estella, sin poder contener el dolor, le preguntaba a su hija: “¿Qué le has hecho? ¿Qué le has hecho a mi hijita?”, mientras la sacudía en busca de una explicación.



