Santiago del Estero, Argentina | Domingo 25 de Agosto del 2019
 
 

Mascarilla: ¿sabés qué te ponés en la cara?


Las venden en los súper y en ferias orgánicas. Pero, ¿podemos usar cualquiera? Consejos.

 

De la noche a la mañana, aparecieron en todas partes. Ya dejó de ser ese producto que “coloreaba” la cara de verde por una hora, momento en que se evitaba cualquier contacto con otro ser humano para evitar las burlas. Ahora es el producto cosmético estrella, que todas las instagramers muestran con orgullo y que en unos pocos minutos -aparentemente- transforma la piel mostrándola más pura, tensa, hidratada o iluminada. Pero esa vitalidad puede ser fugaz si los ingredientes no son de buena calidad, explican dos expertas tucumanas.

Con la aplicación del contenido de un paquetito, en unos 15 minutos se puede lograr la humectación que tu piel necesita. Con ese futuro prometedor, la cosmética coreana ha logrado copar las góndolas de los negocios de accesorios o de farmacias de Tucumán. Allí se exhiben mascarillas de aloe vera para humectar la piel o de carbón de bambú para eliminar impurezas y quitar la grasitud del rostro. Los precios rondan los $ 130.

¿Por qué se popularizaron tanto? “Cien por ciento por la accesibilidad. Y ante una situación de crisis la mujer argentina, que es muy coqueta, busca alternativas económicas que le permitan seguir accediendo a productos de estética, lo cual no quiere decir que sea lo mejor”, responde la médica dermatóloga Luciana Müller. Luego explica que promocionan esos productos como naturales, pero son más económicos porque pueden tener manzanilla o un polvo que da la sensación de tensión, pero que son fugaces porque no son terapéuticos o de buena calidad. Ahí está la diferencia entre una y otra, opina.

“Por ejemplo, algunas tienen vitamina C en una ampolla transparente que de todas formas se inactiva porque es fotosensible (quiere decir que esa vitamina se degrada cuando está expuesta a la luz). Entonces, las de laboratorio o las que preparan los dermatólogos quizás sí llevan esa vitamina, pero han sido testeadas y comprobadas bajo estrictas normas. Por ello son más caras (unos $ 1.000). También se accede a algo más económico, pero no sabés si es específico para tu tipo de piel o patología. Por eso siempre hay que consultar a un especialista”, detalla.

Las mascarillas sirven para mejorar la piel en varios sentidos, como humectante, blanqueadora, antioxidante, antiage, tensora, secativa para acné (efecto photoshop) o descongestiva. Se elige una de acuerdo con lo que necesita cada piel. Y el mercado asiático, sobre todo los cosméticos de Corea (se los llama K-beauty) las han diversificado con ingredientes típicos de su región, como arcillas, bambú, carbón del Himalaya, centella asiática o semillas de sésamo.

“Purederm fue una de las cosméticas coreanas que popularizó las mascarillas. Tiene muchas variedades: con papeles, geles y hasta con burbujas. Para diferentes zonas del rostro, como los patch eyes (parches para las bolsas de los ojos) o la nariz. Después salieron muchas copias”, añadió María Constanza Wilde, maquilladora y psicóloga.

Por otra parte, en ese mundo donde las novedades aparecen de un minuto al otro, contó que otro producto coreano se ha difundido tanto como las mascarillas: se trata de las esponjas Konjac. “Son súper suaves, con propiedades que son muy buenas. Vienen en diferentes colores para todo tipo de piel y con un límite de uso. Se humedecen y se pueden usar. Son totalmente naturales”, añade Wilde. 

¿Qué puede pasar si usamos una de esas mascarillas? Esos tratamientos son más o menos inocuos, opinó Müller: “Quizás tienen un ingrediente que es irritativo y te hace dermatitis de contacto, hasta puede llegar a hacer una quemadura, pero no importante. Entonces, lo ideal es siempre consultar a un especialista”