Cuando Jesús llegó a Jerusalén con sus discípulos. aquel día que hoy es recordado como Domingo de Ramos, tenía tras de sí tres años de predicación, que se iniciaron cuando, con 30 de edad, fue bautizado en el Jordán por su primo Juan el Bautista. Tras reclutar a doce discípulos, a los que promete convertir en "pescadores de hombres", empieza una vida errante por toda Galilea, predicando, haciendo milagros y "pescando" almas. A su paso, los enfermos sanan, los pecadores se arrepienten, los ricos renuncian a su riqueza, los descartados de la sociedad se sienten convocados. Él deja un rosario de enseñanzas simples que todos hemos escuchado alguna vez y que ya constituyen un acervo universal: "No sólo de pan vive el hombre"; "si te pegan en una mejilla, ofréceles la otra"; "los últimos serán los primeros", "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino de los Cielos"; "ámense los unos a los otros".  Y, ya en la cruz, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".

Fueron también tres años de una vida en rebeldía contra el orden establecido, tanto el político como el religioso; Jesús será celebrado por la mayoría, pero también condenado, amenazado, perseguido y sospechado por una poderosa minoría.

Para comprender lo que sucederá en aquellas Pascuas , hay que tener en cuenta que la región en la que actuó Jesús se encontraba bajo dominio del Imperio Romano. Como en otras regiones ocupadas, las autoridades designadas por Roma toleraban la religión local -judía, en este caso-, como un elemento de orden. Pero el panorama interno de esta fe monoteísta era complejo. Había muchas discordancias y diversas corrientes: los saduceos, acomodados con el ocupante extranjero; los fariseos, apegados a la observancia de los rituales, a la forma antes que al fondo; los samaritanos, que no reconocían otra autoridad que la del Templo; los esenios -secta que algunos consideran antecedente del cristianismo-, que, asqueados por la corrupción, adoptaban el ascetismo; los zelotes, que querían pasar a la acción violenta, etcétera. Sus posicionamientos iban de la crítica al establishment religioso a la subversión política y la rebelión nacionalista. Estas corrientes y sectas fueron más o menos toleradas por las autoridades judías. Era una época de crisis política y moral, en la cual profetas, místicos y ascetas recorrían los caminos predicando y lanzando anatemas contra el pecado, el lujo y la falta de fe.

También la de Jesús, en sus comienzos, fue una de estas tendencias; pero a diferencia de las otras, la herejía cristiana no fue tolerada y ello se debió a dos rasgos esenciales de la prédica de Cristo: la universalidad y la radicalidad. Jesús no predicaba sólo para los judíos, su mensaje iba dirigido a la humanidad entera, considerada como una unidad. No pretendía ser una secta, sino una religión universal. Por otra parte, su insistencia en que venía a dar vuelta todo lo dicho con anterioridad ("Oísteis que fue dicho…. pero yo os digo…") anunciaba una nueva fe. Esto explica la coincidencia en la persecución y represión a Jesús y a los primeros discípulos entre las autoridades religiosas y civiles. Ni hebreos ni romanos podían tolerar semejante desafío.