Santiago del Estero, Argentina | Viernes 14 de Diciembre del 2018
 
 

Cuando la maternidad llega demasiado pronto


El 70% de ellas quedó embarazada porque no se cuidaba. El desafío de criar un hijo a esa edad.

 

Hasta el quinto mes no se le contó a nadie. Abril, que tenía 15 años, intuía que algo no andaba bien. Al principio fueron los vómitos y los mareos. Se dormía en clases. Su vientre crecía y se hacía cada vez más difícil ocultar el embarazo. Tuvo que confesarle a sus padres lo que pasaba. Entonces, sus temores se hicieron realidad: se enojaron mucho en su casa y no pudo volver a la escuela. El padre del pequeño no quiso hacerse cargo. “¿Quién se va a hacer cargo? Sos muy chica para ser mamá”, le repetía, furiosa, su madre.

Abril se aferró con uñas y dientes a la idea de su maternidad, pese a su edad. Pese a todo. El nacimiento del bebé no hizo las cosas más fáciles con su familia. Así que buscó ayuda. Volvió a llamar al papá del niño, Santino. “Quedaste embarazada por tu culpa; ni siquiera se si es mío”, le dijo el joven. Una tía le ofreció cuidar el bebé para que ella hiciera un curso de repostería y así pudiera empezar a trabajar. Le hizo caso.

Ya pasaron 10 meses. Abril trabaja (“en esta época tengo muchos pedidos de tortas para comuniones”) y atiende a su bebé. La maternidad la alejó de sus salidas con amigos. Ella extraña ir a bailar. Y sueña con volver algún día a la escuela. Aunque su relato está cruzado por la tristeza, afirma sin vacilar: “no me arrepiento de haber tenido a mi hijo, me saca una sonrisa todos los días”.

No le pasa solo a Abril. Es lo que observan los propios profesionales y voluntarios de la fundación Nutrir, que tiene un programa llamado “Ayuda a la Mujer Embarazada” (AME). Asistidos por este programa, ya nacieron 1.600 bebés, muchos de ellos de madres adolescentes.

El edificio que tiene la fundación (donde antes funcionaba el Proimi, en avenida Belgrano y pasaje Caseros) también cobija a 22 embarazadas que necesitan cuidados especiales desde el punto de vista nutricional. Carolina Smidt, directora de la institución, explica que en Nutrir trabajan con el modelo de la Fundación CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil). “Hacemos un abordaje integral de los niños y las madres. Sí, tenemos muchos casos de mamás adolescentes; vienen desde 12 o 13 años. Aunque pasan por un momento doloroso al principio, todas quieren tener a sus hijos. Nosotros las ayudamos desde el punto de vista nutricional y emocional, y también a reforzar el vínculo con su bebé, a tener un rol protagónico en la crianza. Les dictamos cursos para que tengan una herramienta, algo que las ayude a salir adelante”, destaca.

Verónica es una de las mamás que va a la fundación. Tiene 13 años y está sola en la crianza de su bebé, que acaba de cumplir cuatro meses. Mientras prepara un merengue en el taller de cocina, cuenta que algún día quisiera retomar los estudios que abandonó cuando se enteró que estaba embarazada, el año pasado. Tímida, casi monosilábica, confiesa que está feliz con su nueva situación. “Fue un apoyo muy importante el que me dieron aquí”, dice en voz baja. También está aprendiendo a tejer y a bordar en las horas que su bebé pasa en la guardería que tiene la fundación.