La floja producción del equipo argentino en la primera fase del Mundial de vóley obligó al equipo de Julio Velasco a medirse en la segunda instancia del torneo ante Polonia, uno de los candidatos a ganar el título que había ganado todos sus compromisos previos.

En el primer set se observó la diferencia jerárquica entre los intérpretes de cada equipo y el combinado europeo se impuso con autoridad con un contundente 25 a 16 que amenazó con un cierre prematuro.

Como si se tratara de un espectáculo dramático, cargado de suspenso y emoción, los argentinos consiguieron poner de rodillas a los poderosos de Polonia al imponerse en la tercera manga por 25 a 23. Fue una muestra de carácter ante la adversidad de un rival que tenía intérpretes de categoría superior.

Del mismo modo que ocurrió contra Italia, las decisiones arbitrales perjudicaron a la Argentina. En el último set los albicelestes sufrieron las polémicas posturas de los jueces, quienes se dejaron influenciar por los pedidos del entrenador europeo. Por lo tanto, cuando Solé cerró el 16 a 14 que dejó el triunfo albiceleste la euforia impuso la justicia deportiva para que la Argentina mantenga las esperanzas de hacer historia en Bulgaria. Con la identidad de este equipo, el sueño se mantiene intacto.